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Guía del aventurero

Historia de la Adalid Oscura

Última modificación : 20 may. 2026, 08:49 (UTC)
 
 

◈ El despertar de la Adalid Oscura


Eligieron una vida de autoexilio, aislándose del resto del mundo. Sin embargo, en su reclusión, la facción de las Adalides Oscuras perseveró, consoladas por la certeza de que ellas, las nobles descendientes de la diosa, estaban destinadas a ser las heroínas que su patria tanto necesitaba. Así, continuaron su éxodo, deambulando sin rumbo fijo hasta llegar a una llanura desolada que, a partir de ese momento, llamarían su hogar.

 

El sueño de regresar algún día a su hogar y alzarse orgullosas como las defensoras de Kamasilva las alentaba a continuar con su entrenamiento. Cuando sus cuerpos estaban doloridos y llenos de magulladuras, cuando el sabor metálico de la sangre les inundaba la boca o cuando los músculos de sus brazos ardían tras horas de constante práctica con las armas, este sueño las impulsaba a seguir adelante. Ellas eran las verdaderas descendientes de Sylva, y no decepcionarían a la diosa.

 

Un día fatídico, una joven se despertó abruptamente, con el cuerpo empapado en sudor. Un terror tan profundo se había apoderado de ella y no era capaz de emitir el menor sonido. Una terrible pesadilla había atormentado su sueño, en ella, veía un árbol gigante balanceándose de un lado a otro. El árbol parecía retorcerse mientras un gran fuego lo envolvía, emitiendo un grito terrible y desgarrador a medida que era consumido por las llamas. El fuego se propagaba a una velocidad espantosa que reducía la tierra a cenizas y, mientras el mundo ardía, una figura apareció ante ella, mirándola desde arriba. Cuando la joven levantó la cabeza para contemplar el rostro de aquella silueta solitaria, su pesadilla llegó a un abrupto final.

 

De inmediato, relató a sus hermanas y a las ancianas su terrible visión. Un denso silencio inundó el ambiente mientras todos escuchaban con atención. No cabía la menor duda, debían prepararse para la calamidad profetizada. Su primera reacción fue enviar una delegación a Grana, pues consideraron necesario unir fuerzas con sus hermanas distanciadas. Sin embargo, el conflicto reciente con las Ahib así como las cicatrices de la guerra civil aún estaban frescos en la memoria de muchas Ganelle. Kamasilva se recuperaba gradualmente con el paso del tiempo, pero parecía que los lazos de hermandad entre las Ganelle y las Vedir jamás sanarían. Dicha delegación de Adalides Oscuras regresó en solitario.

 

Sin amedrentarse, la joven insistió en que debían hacer algo más para evitar el desastre. Después de todo, ellas eran las defensoras del Kamarbor, ¿no era así? Estando tan lejos del árbol sagrado, sabía mejor que nadie que los poderes otorgados por los espíritus de la naturaleza no le serían de ayuda. Con el horror de su visión aún grabado a fuego en su mente, actuó con renovado ímpetu. No tenía otra opción más que obtener un poder mayor de alguna otra parte.

 

Fueron muchos los que se opusieron a ella, y algunos incluso la acusaron de poner en juego el destino de sus tierras. La mayoría creía que la única forma de aumentar su fuerza era mantenerse fieles a las viejas costumbres, técnicas ya probadas y contrastadas para canalizar el poder de los espíritus de la naturaleza. A pesar del grave peligro que se cernía sobre ellas, se encontraban divididas por sus opiniones. Parecía que la historia estaba a punto de repetirse.

 

Cómo se enteraron seguiría siendo un misterio, pero varias Vedir de O'dyllita, la tierra repleta de espinos, fueron en busca de la joven. Eran las Ahib, quienes habían obtenido poderes incomparables a los que poseían antes. Se rumoreaba que habían sufrido una drástica transformación física, y allí se encontraban ahora entre sus hermanas, alteradas más allá de toda lógica. Estas hermanas afirmaron haber aceptado los poderes de los espíritus oscuros, los mismísimos espíritus que una vez intentaron destruir Kamasilva. Según las Ahib, los espíritus oscuros poseían un pozo infinito de energía que solo esperaba ser aprovechado. La joven no pudo evitar notar que había algo extraño en aquellas hermanas imbuidas en la oscuridad, y por momentos parecía que no actuaban por su propia voluntad, sino bajo el dictado de alguien más. Sin embargo, al quedarle pocas opciones, la joven aceptó su ayuda.

 

Los poderes de los espíritus oscuros eran muy similares a los que poseían las Adalides Oscuras, o más precisamente, a los que una vez pertenecieron a las Vedir. Sin embargo, a medida que extraían poder de los espíritus oscuros, estos a su vez comenzaban a consumir a sus huéspedes, tomando el control absoluto de sus mentes. Algunas perdieron el control por completo, abrumadas por el poder oscuro que recorría sus cuerpos. Varias se debatían en el suelo con los cuerpos retorcidos por la agonía, mientras que otras se vieron sumidas en una locura ciega, atacando a cualquiera que se cruzara en su camino. Aquellas que sobrevivieron al proceso pronto se volvieron idénticas a las Ahib que las habían visitado originalmente.

 

Hubo, sin embargo, cierto progreso en sus intentos por domar los poderes oscuros. El desarrollo del Vediant no solo permitía a quien lo portara canalizar el poder de los espíritus oscuros, sino también controlarlo. Su influencia se extendió además a todas aquellas que se habían perdido ante la corrupción del poder oscuro. Bueno, a todas excepto a una.

 

Durante ese tiempo, la joven libraba su propia batalla contra un espíritu oscuro. Sabía que todo estaría perdido si cedía ante su abrumadora influencia. El espíritu oscuro le susurraba dulces tentaciones al oído, esperando a que bajara la guardia para tomar el control absoluto sobre ella. Sin embargo, si quería evitar el desastre profetizado en su visión, no tenía otra opción que obligar al espíritu oscuro a someterse ante ella. Así, todo se redujo a una batalla de voluntades. La joven cerró los ojos y se concentró.

 

Era imposible saber cuánto tiempo había pasado. Por lo que ella sabía, el mundo bien podría haberse reducido ya a cenizas. Sin embargo, minutos más tarde o puede que incluso años... logró penetrar en la esencia misma del espíritu oscuro. En medio de una oscuridad eterna, emergió una silueta oscura, el vivo reflejo de sí misma. Extendió la mano lentamente hacia la figura, mientras su reflejo hizo exactamente lo mismo. Pero antes de que las yemas de sus dedos llegaran a rozarse, la silueta se desmoronó en polvo y se dispersó con suavidad, como si fuera arrastrada por una brisa repentina. Fue entonces cuando la joven sintió en su mano algo que no estaba allí antes...

 

A partir de ese día, hay quienes afirman haber visto una explosión tan vasta que parecía como si el sol mismo se hubiera desplomado sobre los páramos. Sin embargo, cuando la joven despertó, no recordaba nada. Nada, a excepción de que un gran desastre sepultaría pronto aquellas tierras... y en ese momento de claridad, abrió los ojos y susurró:

 

"Debo proteger Kamasilva a toda costa"