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Guía del aventurero

Historia de la Deadeye

Última modificación : 23 jul. 2026, 11:39 (UTC)

Deadeye 


La líder de la Banda Canary, la más notoria de toda Nueva Victoria.
Muy pocos han sido testigos directos de sus hazañas, pero los escasos testimonios que existen coinciden en lo mismo: su deslumbrante belleza y su absoluta crueldad.
 

Sus inicios


Durante su infancia, Deadeye disfrutó de tiempos felices junto a su familia. Sin embargo, sufrieron el ataque de una banda que se cobró la vida de sus padres y la separó de su hermano menor. Tras convertirse en la líder de la pandilla, un determinado incidente la dejó con la urgente necesidad de conseguir una gran suma de dinero. Fue entonces cuando recibió un encargo de alguien llamado Marni.

 

 

 


El origen del incidente


En el interior de una tranquila taberna de Nueva Victoria, el tintineo de las jarras de cerveza se mezclaba con el barajar de las cartas. En ese preciso instante, Deadeye entró en el local. El tabernero, con una sonrisa enigmática, le tendió un revólver mientras ella tomaba asiento en la barra.

 

 
 


El asalto al tren


En 1899, en Nueva Victoria, Deadeye aceptó la misión de Marni de asaltar un tren. Sin embargo, además de los bonos financieros, el convoy custodiaba otro tesoro. En el momento en que Deadeye extendió la mano hacia la esfera, esta comenzó a emitir una intensa luz.

 
 
 


Un trato con Marni – El diario perdido de Deadeye


Tras tocar la esfera y caer en un mundo completamente nuevo, Deadeye se embarcó en una aventura a través de diversos territorios siguiendo los pasos de Marni, quien afirmaba conocer el paradero de su hermano. Aunque él no le daba las respuestas inmediatas que ella tanto necesitaba, no tenía otra opción que seguirle el juego si quería encontrar a su hermano Eddie.


Primer día

¿Pero dónde demonios estoy? Lo último que recuerdo es que estaba en un tren… toqué una especie de… trasto brillante… y de repente aparezco en un sitio que no he visto en mi vida. ¡Y justo cuando la salvación de la banda estaba a la vuelta de la esquina!

 

Lo último que recuerdo haber visto… fue a un hijo de perra con mucha labia soltando mierda sobre llevarme con Eddie. ¡Ese es el bastardo que me mandó a este agujero de mala muerte!

 

Al menos entiendo el idioma de la gente de por aquí, menos mal. Pero mientras buscaba a ese escurridizo tipo, unos lunáticos me emboscaron. ¡Pensé que estaba perdida! Pero entonces oí la voz de ese hombre, y al mirar no vi a un sujeto cualquiera, sino a un armatoste descomunal como no había visto en mi vida. ¿Cómo es posible… que exista algo así?

 

Tras encargarme de esas pestes, por fin arrastré al dueño de esa voz. Incluso con una pistola apuntándole a la nuca, el tío se limitó a reírse como un loco. ¡Será insensato!

 

¡Maldita alimaña escurridiza!
Se hace llamar "Marni". El mismito nombre de mi cliente...
Así que todo este embrollo fue una trampa desde el principio.

 

Le grité que me mandara de vuelta de inmediato, ¿pero qué me salta? Que estoy atrapada en "otro mundo" y empieza a parlotear sobre que él no es el mismo Marni de "mi mundo". Y antes de que pueda pestañear, intenta cerrar un trato preguntándome si quiero encontrar a mi hermano, Eddie.

 

Por muchas ganas que tenga de meterle una bala en su engreída cabeza, me temo que no me queda otra que seguirle la corriente por ahora. No tengo ni la más remota idea de dónde está Eddie, y si quiero sobrevivir en esta extraña tierra, jugar su juego es mi única opción. Así que supongo que será mejor que empiece a anotarlo todo aquí para no perder el hilo de ninguna pista.

Segundo día

Bueno, me fastidia admitirlo, pero el arma que me dio Marni pega unos tiros que golpean con más fuerza que la resaca del licor clandestino de mi abuela. ¿Cómo demonios una bala tan pequeña puede provocar una explosión digna de la dinamita? Si hubiera tenido esta belleza en mi hogar, me habría apoderado de toda la frontera en una semana.

 

El cielo nocturno de Nueva Victoria estaba tan atestado de estrellas que sentías que iban a llover sobre ti en cualquier momento. Cuando disparo las balas de Marni, las luces deslumbrantes me devuelven los recuerdos de esas noches estrelladas. Supongo que ahora entiendo por qué llama «obra maestra» a esta arma.

 

Yo ya era una pistolera formidable, pero el regalo de Marni dispara con la precisión suficiente como para enroscar el tapón de una botella. ¿Andas buscando potencia? Este lanzacohetes es una bestia. Arrasa con todo de un solo disparo y es una auténtica delicia usarlo. Lo he bautizado como ¨Diablillo¨, porque es un pequeño demonio incontrolable.

 

Marni me trae monstruos o me enfrenta a bandidos, diciendo que es parte del entrenamiento. Descargar mis balas contra esas bestias sin cerebro... no ha estado nada mal. Me ha dado una descarga de adrenalina como ninguna otra cosa que haya enfrentado en el salvaje oeste. Por supuesto, ver la satisfacción engreída de Marni me aguó el humor de nuevo, pero un día de estos, me aseguraré de enterrar esa cara de suficiencia bajo tres metros de tierra.

Tercer día

 

Esas armas, que antes me resultaban ajenas, no tardaron en sentírsele a mis manos como viejas conocidas.
Las estrellas extrañas del cielo nocturno ya no me parecen tan raras y, justo cuando empezaba a memorizar sus trazados, Marni va y dice que deberíamos dirigirnos a un lugar llamado «Calpheon». Al parecer, se había enterado de unas noticias inesperadas sobre el antiguo rey de Calpheon; algo importante. Así que se empeñó en que teníamos que ir allí para ver qué podíamos averiguar. A mí sus raros proyectitos no me importan lo más mínimo, pero he acumulado más ampollas que pistas, así que pensé que por ahora seguiría a Marni.

 

Dejamos Valencia a través de Ancado. Nunca antes había subido a un barco y, debo decir, la forma en que el vasto océano se extendía ante mí era verdaderamente deslumbrante. Mientras navegábamos, le saqué conversación para sacarle información sobre «este mundo», y cómo no, empezó a comportarse como una especie de maestro, cháchara que cháchara sin parar. Me cansé de escucharlo, así que le dije que prefería averiguarlo por mi cuenta.

Está como una cabra, pero no parecía que buscara traicionarme.
...O eso pensaba. Fue poner un pie en Calpheon y esa sabandija de mierda desapareció.
No me dejó más que una dichosa carta que simplemente decía: «Nos vemos pronto».

 

Le voy a reventar las rótulas la próxima vez que lo vea. Maldita sea, fui un idiota rematado al confiar en Marni. Pero quedarme aquí sentado lamentándome no me va a ayudar a encontrar a Eddie, así que decidí buscarlo, me ayudara Marni o no.

 

El centro urbano de Calpheon era... otra historia. Más grande y más raro que la mismísima Valencia. Había tipos grandes como un establo, algunos con cuernos, ¡e incluso una cría con las orejas puntiagudas! Aunque no le hizo ninguna gracia que la llamara «cría»: empezó a soltar palabrotas a diestro y siniestro y a preguntarme si sabía cuántos años tenía. ¡Y ni tengo tinta suficiente para escribir todo sobre esos nutrias parlantes! ¡Ja! Desde luego, este lugar es una auténtica locura.

Cuarto día

 

Necesitaba algunas pistas y necesitaba trabajo. Pero la gente no paraba de juzgarme mal y de darme tareas de poca monta: atrapar jabalíes que destrozaban granjas, buscar gatos perdidos por los tejados... Puros recados sin sentido. Si Declan o la banda vieran esto, se partirían de risa al ver a qué ha quedado reducido su jefe. Pero en este momento, no tengo el lujo de ponerme quisquilloso con el trabajo.

 

Cuando la gente me preguntaba el nombre tras completar un encargo, respondía «Deadeye». Mantengo ese nombre para recordarme quién soy. Olivia, Sara, Charlotte, Evelyn, Clara... Me han llamado de incontables formas. Pero Deadeye... ese nombre es lo único que me mantiene con vida como forajida solitaria de los páramos, como la líder de la Banda Canary. No sé cuándo, pero ten por seguro que volveré a ese páramo que me espera, caiga quien caiga y cueste lo que cueste.

 

Tras completar un sinfín de tareas de poca importancia, mi reputación empezó a crecer y mis historias comenzaron a filtrarse por cada rincón de cada taberna. Muy pronto, empezaron a llegarme misiones más «dignas». Supongo que demostré que era demasiado buena para esos trabajitos de mierda. Por fin, la gente empezaba a ver de qué estoy hecha.

 

Eliminando bandas de bandidos o rescatando rehenes, podía sacarme una buena tajada de monedas. En cuanto me pagaban, me iba directo a los traficantes de información a preguntar por el paradero de Eddie, pero nada de nada. ¡Maldita sea! ¿De verdad está mi hermano en alguna parte ahí fuera? Siento como si estuviera perdido en una tormenta de arena interminable.

Quinto día

 

Me he acostumbrado a este mundo más de lo que jamás habría imaginado. La vida aquí no está nada mal: la gente me trata bien, el trabajo es aceptable. Pero, de vez en cuando, cuando me doy cuenta de que solo soy una extraña, una forastera en este lugar, me invade una sensación de vacío muy adentro. Cuando refresca la noche y casi puedo oír a esos bocazas de mi tierra riéndose y empinando el codo con el whiskey... me descubro echándolos de menos más de lo que me gustaría admitir.

 

Me pregunto... ¿se las arreglarán bien sin mí? ¿Pensarán que mi desaparición fue una traición? Esa idea me carcome cada vez que la cabeza se me va para allá. Por mucho tiempo que pase, el dolor por mi viejo mundo... no se desvanece. Maldita sea, parece que me he vuelto más blanda de lo que me gustaría.

 

Dicho esto, tampoco es que odie este mundo. Aquí no cargo con el peso del liderazgo. Soy libre de vagar sin preocupaciones, solo yo y el camino abierto. Los paisajes extraños, las nuevas culturas y las rarezas únicas de este lugar no paran de despertarme el espíritu aventurero.

 

Es como esos sueños de la infancia, los más salvajes que jamás pensaste que se harían realidad... bueno, aquí son tan reales como la vida misma. Y hay gente aquí, trotamundos que se llaman a sí mismos «Aventureros», que viven exactamente así. Recorriendo el mundo bajo sus propias reglas.

Sexto día

 

¡Maldita sea! Estoy invirtiendo todas las platas que gano en encontrar a mi hermano, ¡pero no hay ni la más mínima pista! Eddie es el único pariente que me queda desde que murieron nuestros padres. De cría, siempre me parecía un tipo insoportable. Tan dócil y buenazo que, cuando cogía una pistola, le temblaban las manos como si estuviera en medio de un terremoto. Un ratón de biblioteca que se pasaba el día leyendo... A veces me parecía tan aburrido, e incluso un simplón.

 

Pero Eddie era mi único hermano.
Nos reíamos y nos hacíamos putadas el uno al otro, y si alguien se atrevía a meterse con él, me aseguraba de que se arrepintiera con creces... De eso trata la familia.

 

Incluso en nuestro propio mundo, cuando Eddie desapareció, removí cielo y tierra buscándolo. Pero Eddie no dejó rastro, como si simplemente hubiera «dejado de existir», y todos a mi alrededor querían que tirara la toalla de una vez.

 

Decían que probablemente Eddie estaba muerto, que buscarlo era una pérdida de tiempo. Yo no podía quitarme del todo de la cabeza la idea de que pudiera haber muerto. Y, aun así, era incapaz de rendirme.

 

Justo cuando empezaba a asumir muy en el fondo que tal vez de verdad se había ido para siempre... Marni habló como si conociera a Eddie. Fue el primero en hablar con claridad sobre el paradero de mi hermano. Así que, por ahora, tengo que creerle. Eddie está vivo. Sin duda está en alguna parte de este mundo... Pero ¿dónde se habrá metido esa sabandija de Marni?

Séptimo día

 

Ese sinvergüenza de Marni apareció tan de repente como había desaparecido, justo delante de mis narices.

 

Estuve a punto de cruzarle la cara a ese engreído cuando me preguntó tan tranquilo: «¿Cómo te ha ido?». Pero me contuve, por miedo a que se esfumara de nuevo en el aire. Me propuso un trato, quería que pusiera rumbo a un lugar llamado Mediah. Justo cuando empezaba a asentarme, va y quiere que haga las maletas y me vaya...

 

Marni prometió darme información sobre Eddie si seguía colaborando. ¿Cuánto tiempo más voy a tener que creerme sus palabras a ciegas? No podía dejar que me siguiera mareando. Volví a apuntar con el cañón a su cabeza de listo, pero él se limitó a soltar una carcajada, tan fresco como siempre.

 

¿Acaso es humano? Le dije que no movería un solo dedo sin una prueba sólida de que de verdad tenía información real.
Como si estuviera esperando esas palabras, me entregó un revólver.

 

El nombre «Canary» estaba grabado con total claridad en el cañón, claro como el agua.
Eso sí que era una prueba irrefutable. Era la pistola de mi padre. La misma que no pude usar para vengarlo el día que lo abatieron y Eddie desapareció. Aquel día la dejé caer, y de alguna forma había terminado en manos de mi hermano. Si Marni no se la había quitado a él, no había otra forma de explicarlo.

 

Al final, no tuve más remedio que ceder a la petición de Marni. ¿Hasta cuándo voy a tener que seguirle el juego a este científico loco? Estoy metida en un buen lío.

Octavo día

 

El trato de Marni consistía en conseguirle el Corazón de Ator. En cuanto escuché esa historia, los recuerdos del pasado me vinieron de golpe. Era exactamente lo que buscaba el acérrimo enemigo de mi padre, Giovanni... Esa misma esfera brillante que me envió a este mundo. ¿Qué clase de poder guardará un orbe del tamaño de una palma para armar semejante revuelo?

 

Para encontrar el Corazón de Ator, me dijeron que tenía que dar caza a una bruja llamada Illezra, así que me puse en marcha hacia el pueblo de Tarif, donde había oído que aún quedaban rastros de ella. Allí me topé con una información del todo inesperada.

 

Gannicus.

 

El personaje que Eddie adoraba y veneraba como a un héroe.

¿Cómo era posible que la misma historia se contara en este mundo? ¿Quién diablos es Gannicus?

Marni afirmaba que él era distinto del Salvatore Marni de aquí... Entonces, ¿podría existir una versión de Gannicus en cada mundo? La historia que contó el anciano sobre Gannicus era inquietantemente similar a la del personaje del libro al que Eddie se aferraba.

 

Llamé a Marni a toda prisa, pero el cachivache que me entregó, una «Marniwave», no hacía más que emitir ruidos raros. Y... ¿acaso dijo que reproducía sonidos de otros mundos? De repente, empezaron a escucharse las voces de mi hermano pequeño y la mía de cuando era niña. Las pesadillas de años atrás resurgieron de golpe, agriándome el carácter. Me quedé pegada a esa chatarra esperando escuchar algo más, pero no salió nada más. ¡Maldito seas, Marni!

Noveno día

 

Bueno, supongo que es una pequeña bendición entre tanta desgracia: parece que me voy a acostumbrar a esta tierra llamada Mediah bastante rápido.
El viento seco arañándome las mejillas, la tierra roja y esos atardeceres de fuego me recuerdan a mi hogar. Una tierra enredada entre pesadillas y recuerdos, una relación de amor y odio en toda regla. Cruel y reseca, pero aun así era todo mi mundo.

 

Tras dejar Tarif, terminé instalándome en Altinova la mayor parte del tiempo. No tengo a nadie con quien mantener el contacto, pero cuando tenía un rato libre, husmeaba para hacer los recados de Marni.

Aproveché para aceptar un par de encargos de exterminio mientras estaba en ello. Si la vida hubiera sido un camino de rosas, me habría aburrido como una ostra, pero por suerte este mundo no tiene ninguna intención de dejarme en paz. Últimamente he sentido una presencia sospechosa, como si tuviera unos ojos clavados en mí todo el tiempo, como si me estuvieran vigilando. ¿Quién podría ser? Ya estoy hasta las narices de guardar rencores. Para hacer salir a quienquiera que me estuviera siguiendo, me fui a las afueras de la ciudad y, efectivamente, no tardaron en oírse pisadas detrás de mí.

 

Para mi sorpresa, el culpable no se parecía en nada a lo que me esperaba. Una mujer de pelo blanco. Una tipa que llama la atención a leguas por su aspecto.
Me hace preguntarme cómo se las apañó para pasar desapercibida. No tengo ni idea de cómo no la vi antes. Tenía un aire de misterio a su alrededor y se presentó como Illezra.
...Ese es el nombre de la bruja que Marni mencionó.

 

Esa mujer... no es una presa fácil. Afirmó que mi pistola no funcionaría contra ella, y me da a mí que no estaba mintiendo.
Illezra dijo que quería proponerme un trato. Parece que quiere algo de mí, así que no es muy probable que vaya a desenfundar su arma por ahora. Marni dijo que siguiera a Illezra si quería encontrar el Corazón de Ator, así que decidí acompañarla.

Décimo día

 

Bueno, déjame decirte que cuando Illezra me encomendó sus primeros encargos, eran un auténtico popurrí de exterminios complicados. La verdad es que no es una mala patrona, pero no parece pedirme que acabe con estas alimañas porque esté desesperada por ganarse la vida o tema por la suya.

 

¿Qué demonios busca entonces?, me pregunto.

 

¿Acaso anda vagando e investigando cosas como Marni? Ese tipo parece un pirado de remate, pero esta mujer... bueno, parece tener la cabeza muy bien puesta mientras lo hace, lo que la vuelve enormemente peculiar.

 

Llevamos ya bastante tiempo viajando juntas. Hemos compartido comidas, acampado bajo las estrellas e incluso intercambiado algunas historias más personales.

 

El tiempo ha pasado volando y, de pronto, va y me revela su verdadero propósito. Resulta que todos esos encargos no eran más que una prueba. No es que me haga ninguna gracia, pero lo entiendo. En mis tiempos, cuando lideraba mi banda, yo también le daba recados raros a la gente para ver si eran de fiar.

 

Illezra tiene pensado poner rumbo al desierto de arena de Valencia, el Desierto Oscuro. Pensándolo bien, Marni también me habló de ese Desierto Oscuro.

 

Me dijeron que allí se encuentra la Cuna de Ator, y que donde conduce el Corazón de Ator yace dormido un poder descomunal.

 

Ese corazón, esa mismísima cosa que me arrastró a este mundo y que Marni ha estado buscando. Podría ser la llave para regresar a mi propio mundo. Tal vez, solo tal vez, tras encontrar a mi hermano, podamos volver a casa juntos.


El camino hasta allí va a ser más peligroso que cualquier cosa a la que me haya enfrentado, pero Illezra cree que conseguiremos lo que buscamos. Me quedé sentada en silencio durante un buen rato después de que me preguntara si me unía a ella.

Tras darle unas cuantas vueltas, acepté.

Así que ahora me voy al Desierto Oscuro con Illezra. 
A ver si la señorita suertuda me acompaña en el viaje.