El despertar del Guerrero
La historia de los Mercenarios de Goyen es una historia de honor y sacrificio. Este grupo de mercenarios era un grupo de hombres sin lealtades, unidos únicamente por su voluntad de sobrevivir. Un refugio para quienes no tenían adónde ir, cada integrante cargaba con su propia historia, pero aun así, todos luchaban unidos. Algunos tenían recompensas pendientes sobre sus cabezas, por lo que el grupo era perseguido y atacado allá donde iba.
Bajo el liderazgo de Goyen, cuya destreza con la espada era excepcional, las filas del grupo no tardaron en crecer. Utilizaban las habilidades de los demás como inspiración para perfeccionarse mutuamente y entrenaban sin descanso para convertirse en una fuerza mercenaria digna de temer. Juraron lealtad entre ellos y sellaron sus vínculos con sangre. Día tras día, la reputación del grupo no dejaba de crecer.
A pesar de que todos eran hábiles, su líder, Goyen, era capaz de blandir un espadón de acero del tamaño de un hombre adulto. Nadie en la banda de mercenarios había visto jamás a nadie manejar un mandoble con la maestría de Goyen. Aunque varios hermanos entrenaron la espada bajo su tutela, ninguno fue capaz de dominar sus técnicas. Solo con mencionar su nombre, su presencia se volvía imponente.
Un día fatídico, un hombre que parecía de alta alcurnia visitó a los Mercenarios de Goyen. Era un emisario del Reino de Dienteleón, el cual les propuso una oferta imposible de rechazar. Les prometió el ingreso en la orden de caballería de Dienteleón. Un contrato prestigioso repleto de riquezas y fama. Esa sería la oportunidad perfecta para que todos pudieran finalmente asentarse... sólo y únicamente si lograban ayudar a Dienteleón en su guerra contra Laksy, aliados de Calpheon.
Aquellos mercenarios ignoraban el destino que les aguardaba. El mismo día en que la banda prometió la victoria al aceptar dicho encargo... sería la última vez que sonreirían juntos.
Marcharon a la batalla y lucharon con valentía, aguardando con esperanza que los refuerzos de Dienteleón aparecieran en cualquier momento. Por desgracia para ellos, el reino de Dienteleón no tenía intención alguna de apoyar a los Mercenarios de Goyen. Los abandonaron en el campo de batalla para que murieran como un escudo desechable.
En un último acto de gallardía, Goyen ordenó la retirada. Mientras sus hombres retrocedían, él permaneció firme, conteniendo en solitario el avance enemigo. Solo cuando estuvo seguro de que los suyos estaban a salvo, permitió que sus profundas heridas le vencieran. Goyen murió como un héroe en el campo de batalla. Su espadón, que cayó en el mismo lugar donde él exhaló su último aliento, desapareció para siempre, perdiéndose en el olvido.
Los mercenarios que sobrevivieron a la batalla juraron vengarse de aquella traición. Juraron que Dienteleón caería bajo sus propias manos. Sin embargo, el destino les arrebató esa oportunidad. Dienteleón acabó siendo derrotada por Laksy, desvaneciéndose para siempre en las páginas de la historia.
Aquel día, los hermanos hicieron un nuevo juramento, recuperar lo que por derecho les pertenecía... el espadón perdido que, según creían, albergaba el alma del mismísimo Goyen.