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Guía del aventurero

Historia de la Exploradora

Última modificación : 12 jun. 2026, 08:30 (UTC)

El despertar de la Exploradora


En los tiempos previos a la historia escrita, un árbol sagrado echó raíces en el lugar más alto del bosque. Allí, la diosa Sylva descendió junto a los espíritus de la naturaleza y bendijo al árbol con el nombre de Kamarbor. A sus pies, ella recibió la energía del sol y la luna para engendrar la vida. La tierra bajo el árbol pasó a conocerse como Kamasilva.

 

La diosa dio a luz a dos gemelas. A la hija que irradiaba la luz del sol la llamó Ganelle, y a la que evocaba la oscuridad de la luna la llamó Vedir. Mientras criaba a sus propias hijas, llegó el día en que la diosa selló su voluntad dentro del Kamarbor, el árbol sagrado, y posteriormente regresó a los cielos. Las hijas fundaron una civilización y prosperaron bajo la protección de los espíritus y del árbol sagrado.

 

El poder del Kamarbor era inagotable. Los descendientes de Sylva lo aprovecharon al máximo entregándose a la abundancia y la opulencia, por lo que se volvieron más perezosos con cada día que pasaba. Así fue hasta que, un día, los espíritus oscuros que codiciaban el poder del árbol sagrado asolaron Kamasilva.

 

La guerra fue devastadora. Las hijas de Sylva, debilitadas por su excesiva dependencia del árbol sagrado, fueron incapaces de defenderse por sí mismas. Así, la carga de proteger la tierra recayó únicamente sobre el Kamarbor, al menos hasta el día en que la diosa reapareciera. Y así sucedió, con los últimos vestigios de su poder, el árbol sagrado repelió a los invasores oscuros. Tras agotar toda su energía defendiendo el reino de la diosa, el árbol cayó en un profundo letargo, pero antes de que el sueño lo venciera, confió sus ramas más antiguas a las Ganelle y a las Vedir.

 

Tras un largo estudio, descubrieron que las ramas del Kamarbor podían alterarse para trascender su forma original al fusionarlas con el poder de los espíritus. El resultado fueron unas armas espirituales que llamaron Espadas de Kamarbor, las cuales aprendieron a manejar con maestría. Además, recolectaron y repartieron entre sus allegados las ramas restantes que aún conservaban la energía del árbol sagrado, enseñándoles cómo utilizarlas. Fue así como se fundaron las “Exploradoras”, un ejército permanente encargado de proteger Kamasilva ante cualquier futura invasión.

 

Posteriores invasores intentaron asaltar el bosque, buscando usar el poder del sagrado del Kamarbor para sus propios fines perversos. Cada uno de esos intentos terminó en un rotundo fracaso. Con cada invasión repelida, las exploradoras perfeccionaron su arte, alcanzando la maestría en el tiro con arco y en el uso de la Espada de Kamarbor, hasta que la seguridad del árbol sagrado estuvo prácticamente garantizada. Sin embargo, las exploradoras no estaban preparadas para su mayor desafío. Este no vendría de fuera, sino de su propio interior.

 

Fue en esa época cuando surgió la disputa entre Ganelle y Vedir sobre cómo debían utilizarse las Espadas de Kamarbor. Las Ganelle, hijas del sol, buscaban la armonía y la comunión con los espíritus. Por el contrario, las Vedir, hijas de la luna, perseguían el sometimiento y el control de los mismos. Esta brecha ideológica desencadenó una guerra civil entre las exploradoras y cuando la tierra quedó empapada con la sangre de los descendientes de Sylva, el Kamarbor, el árbol sagrado que había dormido durante tanto tiempo, despertó.

 

El árbol sagrado, impregnado con la voluntad de la diosa, quedó consternado ante la carnicería que había asolado a sus descendientes. En un intento por deshacer el daño y poner fin al conflicto, el Kamarbor retiró su poder de todas las ramas que había entregado y que se habían convertido en armas. El orden fue restablecido, pero a un precio muy alto. Como consecuencia las Ganelle y las Vedir se dividieron. Las Ganelle permanecieron en Kamasylva, protegiendo el templo construido en tierra santa, mientras que las Vedir abandonaron su hogar natal y partieron hacia el mundo exterior en busca de una nueva fuente de poder. A partir de entonces, las hijas de Sylva quedarían separadas para siempre.

 

Con el fin de evitar futuros conflictos entre sus descendientes y preparar la defensa de la tierra ante cualquier invasión oscura, el Kamarbor decidió compartir su poder únicamente con aquellos descendientes de la diosa que demostraran ser dignos. Solo a una exploradora que hiciera gala de una fortaleza mental extrema y una destreza marcial impecable se le permitiría canalizar el último regalo que la Sylva les había legado al partir. El árbol manifestó su voluntad ante sus descendientes y acto seguido, se sumió una vez más en un profundo letargo.

 

"Solo aquellos que comulguen con los espíritus y se gobiernen a sí mismos, heredarán plenamente el poder del Kamarbor"