Historia de la Nova

La última estrella del reino de Calpheon
"El Quturan solo permite a los niños bondadosos entrar en la tierra prometida de O'dyllita"
Padre, desde el interior de las tormentas de arena que te arrebataron de mi lado he escuchado las canciones de cuna que cantabas sobre los días de un reino ya extinto. La historia de aquel árbol de espinas que acogió a los niños pobres, aquellos nacidos en las lejanas Tierras Inhóspitas y abandonados por el Dios de la Luz.
"Cada día, los niños ofrecían siete oraciones para ser elegidos en el día de la luna más brillante y recibir el permiso de entrar en las raíces del Quturan, la única puerta dispuesta hacia la tierra prometida. Pero en tiempos de guerra en el país, se dirigían a las líneas del frente, empuñando el lucero del alba y el escudo con los que se habían entrenado"
Y cuando las arenas ardientes te tragaron sin dejar rastro, vi a aquel legendario árbol de Bosquespino consolar a esos niños, cuyas mangas estaban empapadas en lágrimas, para luego tragárselos por completo. Al regresar al escenario de tu muerte, tú, que eras el mundo entero para mí, ¿por qué, oh, por qué recordé las imágenes de un reino más allá de mis lejanos recuerdos?
"El demonio que enterró a su propio padre en el desierto"
"Un monstruo con la sangre de una bruja espantosa"
La noche en que me di cuenta de que tanta lealtad y compasión habían sido en vano, soñé con tus palabras que ningún trono permanece libre de sangre. Allí fui testigo de una mujer solitaria, sentada con la corona del Quturan, el árbol de Bosquespino. Envuelta, al parecer, por los gélidos vientos del invierno... ¿era yo esa mujer? No sabría decirlo.
Aun así, "Cada año, en el día de la luna más oscura, los niños regresaban de las raíces del Quturan, la única puerta dispuesta hacia O'dyllita, y rezaban siete veces. Al enterarse de que habían recibido la bendición de la diosa que, al igual que ellos, había sido expulsada de la tierra prometida, no volvieron a derramar una sola lágrima"
Padre, escuché la risa de los niños abandonados por un reino ya extinto mientras limpiaba este sótano impregnado de tus recuerdos. Con el mismo corazón de aquellos niños que ansiaban adentrarse en las raíces del Quturan, e inundada por la alegría de ver cómo el mundo había borrado cualquier rastro de mí, abandoné el abrazo de Elion (Aquel que no pudo protegerte) y vine a esta tierra prometida.
"Delore Sylva. La estrella helada se alzará una vez más sobre mi reino de Calpheon."
Ahora, con el poder de la diosa distorsionado en la vida y la muerte, pretendo reclamar con sangre lo que por derecho me pertenece, pues mi nombre es Francesca Seric, la auténtica heredera al trono de Calpheon.
Soy la última águila que reina en los cielos y porto la espina del árbol que puso al mundo de rodillas. Por lo tanto, este mundo, que una vez careció de esperanza, ya no volverá a dejarme de lado.
◈ La Reina de las Espinas, manchada de sangre
"Guerreros que portáis las espinas, sois la encarnación viva del Quturan. Mientras sigáis con vida, Orzeca será eterna"
¿Existe alguna otra palabra que oprima el corazón con tanta fuerza como "eternidad"?
Padre, he redescubierto la historia sobre el reino ya extinto, esa historia que nunca tuviste la oportunidad de contarme. Estaba en la Tierra Prometida, abandonada por el Dios de la Luz. La historia de la suma sacerdotisa Equidna, quien guio a los niños abandonados hacia las raíces del Quturan.
"La espina es el regalo otorgado por la diosa, con la eternidad como condición."
Los niños de Equidna, quienes masacraron a sus enemigos con las armas que se manifestaban a partir de las espinas del Quturan con las que se engalanaban. Tras leer el registro que afirmaba que la sangre que derramaron se convirtió en el alimento del Quturan y dio paso a una gloriosa edad de oro para el antiguo reino, descendí a las raíces del Quturan siguiendo los pasos de Equidna.
"Solo las mejores niñas que superen las pruebas pueden convertirse en reina"
El olor a sangre y a algo quemado comenzó a invadir mis fosas nasales, pero ¿acaso me equivocaba? Me pareció escuchar los cosquilleantes susurros de Equidna. Luego, cuando volví a abrir los ojos, mi cuerpo estaba empapado en sudor frío. No recuerdo cómo escapé de aquel lugar. Sin embargo, padre, de repente recordé la noche en que vi la última estrella contigo en Calpheon.
Dijiste, mientras me entregabas la llave de oro decorada con alas de águila.
Aquella fue la primera y última vez que vi lágrimas en tus ojos. No lograba comprenderlo, pero tus palabras se sintieron tan frías... Por eso, enterré la llave en lo más profundo de mi corazón.
◈ Axian, el Rey de los Muertos
El último rey del antiguo reino, aquel que portaba la corona manchada de sangre incluso después de la muerte, aguarda a que la Reina de las Espinas le otorgue la salvación.
Padre, leía la desgarrada historia del antiguo reino cada vez que tenía una pesadilla, desde el día en que seguí los pasos de Equidna hacia lo profundo de las raíces del Quturan. Reuní a los fieles abandonados para formar un ejército y, mientras plantaba el joven vástago del Quturan, esperé el día fatídico en el que reclamaría el trono.
Sin embargo, mi pesadilla se convirtió en realidad antes de que llegara el día que prometiste. La niña que vi en las raíces del Quturan, aquella que de verdad creía que no era real, vino y me encontró.
¿Acaso es ella la prueba de la diosa que mencionó Equidna? No, ¿o será el fruto nacido de los pecados que confesaste, padre?
Ella tiene mi rostro, mi voz, mis recuerdos, mis emociones… empuña el lucero del alba y desata el gélido frío de la diosa distorsionada contra mí. Padre, ruega a la diosa para que yo salga victoriosa. Pues no puedo dar marcha atrás en este duelo. Solo la única y verdadera heredera al trono sobrevivirá y poseerá la espina del árbol sagrado.