Historia de la Mística

Un corazón errante
Los recuerdos de mi hogar original no son más que humo y sangre. Los soldados de Calpheon fueron rápidos y despiadados en su asalto. Los gritos de muerte de los hombres resonaban, y los chillidos agudos de las mujeres y los niños siendo masacrados en las calles todavía atormentan mis sueños. Me escondí, temiendo que mi vida fuera la siguiente en ser extinguida.
Un extranjero, que con el tiempo se convertiría en mi maestro, me ayudó a escapar. Me guio a través del fuego y la sangre, esquivando a guardias y exploradores, hasta ponerme a salvo. Todo en él era diferente, desde su forma de vestir hasta su manera de hablar, pausada y metódica, como si necesitara sopesar cada palabra antes de pronunciarla. Me pidió que lo siguiera y aprendiera de sus enseñanzas y, al no quedarme nada en mi tierra natal, acepté sin pensármelo un solo segundo.
Viajamos en barco al Lejano Oriente, de vuelta a su tierra natal. Mi cabello rubio y mis ojos azules hacían que los lugareños se me quedaran mirando. Vigilaban cada uno de mis movimientos y a menudo interrumpían lo que estaban haciendo para hablar de la extraña chica de cabello amarillo que pasaba a su lado. Sin embargo, mi maestro me decía que no les hiciera caso y que me concentrara en las artes marciales. En aquel entonces, odiaba el entrenamiento, el ejercicio, los combates... todo era demasiado para mí. Pero mi gratitud hacia mi maestro me obligaba a continuar, simplemente por gratitud y respeto hacia él. A medida que crecía, la gente del lugar empezó a mirarme con recelo y envidia. No tenía idea de por qué, pero eso me hacía sentirme aún más aislada que antes.
Entonces, un día, mientras comenzaba mi rutina diaria de entrenamiento, vi a un hombre como yo. Mi maestro lo guio hacia el interior de nuestro recinto e, instantáneamente, su cabello rubio y sus ojos azules me cautivaron. No podía apartar la mirada de él. Mi maestro lo acompañó a través del patio y me llamó para que me acercara a hablar. Apenas podía articular palabra, sentía que cada vocablo tropezaba al salir de mi boca y que estaba haciendo el ridículo. Sin embargo, las cortesías pronto dieron paso al entrenamiento, ya que él solo se quedaría allí hasta que terminara el Gran Torneo de Guerra.
Así que combatimos. Su velocidad y su potencia eran fenomenales, mientras que mis movimientos se sentían lentos y pesados. Sin embargo, él nunca se quejó de tener que cargar conmigo. Sentí que aprendí muchísimo en el poco tiempo que entrené a su lado, y por eso mismo, cuando se marchó tras ganar el Gran Torneo de Guerra, me sentí vacía. Me di cuenta de lo que sentía por él casi de inmediato, pero jamás imaginé lo vacío que se volvería todo cuando se fuera. Un abismo se había abierto en mi interior y lo consumía todo a su paso.
Así que me marché y tomé un barco rumbo al oeste en su búsqueda. Un viaje que me llevaría de regreso al humo y a la sangre, pero también a encontrar al hombre que había cautivado mi corazón.
◈ El despertar de la Mística
Tres árboles de troncos extrañamente retorcidos flotaban en mitad del océano.
Mientras todos, incluida yo misma, corríamos hacia la borda del barco para echar un vistazo, la gente empezó a especular. Algunos decían que era una especie de espejismo creado por la niebla, pero uno de los marineros se tocó el ala del sombrero y anunció que aquello no era un árbol retorcido, sino un augurio. Acto seguido, procedió a contarnos a los que estábamos cerca el rumor de una historia que se había estado extendiendo por todo el mundo.
Rompiendo el silencio que se generó en cubierta, el marinero dio voz a una antigua profecía que el mundo parecía haber olvidado:
Esa última frase todavía me atormenta, porque poco después, un ruido estruendoso estalló desde las profundidades y el barco se partió en mil pedazos. La costa estaba muy lejos, muchísimos perecieron bajo las olas.
Recuerdo la oscuridad y el frío calándome hasta los huesos mientras me hundía bajo las poderosas olas. El dolor en mi pecho no dejaba de aumentar mientras contenía la respiración bajo el agua e intentaba nadar hacia la superficie. La oscuridad hacía que fuera casi imposible distinguir hacia dónde debía nadar para alcanzar la superfície.
De repente, una luz deslumbrante perforó la oscuridad. Era tan brillante que, incluso con los ojos cerrados, podía verla con claridad. Sentí que mi mente despertaba ante esa luminiscencia y, al abrir los ojos, vi que la luz provenía de una gema que me habían entregado antes de partir hacia el Oriente. Me la dio un misterioso caballero en los muelles del Puerto de Epheria, tenía el rostro oculto por su capucha mientras la depositaba en mis manos. ¿Podría haber sido una manifestación de Banha, el Dragón Azul que creó el agua en la que estaba a punto de perecer?
Antes de que pudiera terminar de pensar en aquel hombre de los muelles, sentí una poderosa energía brotar en mi interior. Mi mente se abrió y una voz resonó en el fondo de mi conciencia. Me concentré en ella mientras, finalmente, caía inconsciente en lo profundo del océano. Cuando desperté, me encontraba en las costas del oeste, y la energía que había fluido a través de mí en el agua permanecía allí. Banha me había hablado aquel día. ¿Acaso me había elegido como su campeona? Mientras me concentraba en la energía de mi interior, recordé las últimas palabras que escuché antes de perder el conocimiento en el mar:
"Los ojos azules unidos por la fe volverán a verse algún día en las lágrimas de Banha"