Historia del Hashashin

El filo de Aal
Este mantra era la única constante inamovible en sus vidas, junto con los implacables vaivenes de una guerra que se libraba sobre arenas carmesíes. Sin embargo, ya habían pasado tres años desde que el Astroscuro cayó en el lejano oeste, y el paraíso no se vislumbraba por ningún lado. Nada de lo que los ancianos profetizaron llegó a cumplirse, mientras que el flujo incesante de monstruos que salían de los fosos oscuros no mostraba señales de amainar.
Pues solo el Hashashin podía abrirse paso a través del caos, únicamente mediante la fe había superado el horrendo entrenamiento y el dolor de regresar de batallas donde incontables camaradas habían caído. No fue otro sino Kayal Nesser, un forastero, quien rompió este ciclo vicioso.
Un bastardo de la familia real de Valencia y el siguiente en la línea para liderar la orden como Qabal, «El que está al final». Había sido Kayal quien durante mucho tiempo mantuvo a raya los fragmentos del caos junto a sus compañeros, pero, al final, fue él quien huyó. Los ancianos, llenos de desprecio y odio, predicaban:
Obligado una vez más a entrar en el campo de batalla manchado de sangre, el Hashashin aguardaba la salvación, pero las dudas aún persistían.
Una vez plantada, la semilla de la duda en el fondo de su mente no pudo ser desarraigada y no hizo más que crecer. La deserción de Kayal, la existencia de los monstruos, el significado de la salvación, la verdadera identidad del Astroscuro...
Cuestionó la verdad detrás de las enseñanzas y las escrituras de Aal, pero su búsqueda de respuestas solo le condujo a más preguntas y a una duda purulenta. Esto terminó por impulsarlo a dejar atrás su vida y a colarse como polizón en un barco. Fue entonces cuando una energía oscura, aquella cuyos ojos rojos brillaban de alegría y que había estado esperando a su lado durante tanto tiempo, comenzó finalmente a poseerlo.
◈ El despertar del Hashasin
Escúchame...
Así como un arbusto necesita agua para crecer, y las flores deben ser cuidadas antes de marchitarse, envía las bendiciones de tus arenas sagradas antes de que tu siervo se convierta en polvo. Un alma perdida clama al cielo nocturno. Las arenas del reloj se agotan, pues el alma no encontró respuesta alguna en el Astroscuro. Con el tiempo escapándose, el fin de esa vida fugaz parece inevitable.
Permíteme doblegar la certeza de la muerte.
La plegaria termina. Una mano debilitada se aferra a su Haladie y se niega a soltarlo. Su armadura de fe está agrietada, pero aún lo protege del vacío que aguarda su deceso. Entonces, una voz pura y divina resuena en su oído:
Nútrete con mis palabras, regresa a la fortaleza y descansa.
Consuélate sabiendo que tu plegaria ha alcanzado a Aal.
Las palabras resonaron en el alma perdida. Su misión de descubrir la verdad sobre el Astroscuro había llegado a un desafortunado final. ¿Pero regresar a una fortaleza llena de aquellos que niegan las enseñanzas? ¿A esos viejos que se deleitan en el poder que ejercen sobre los siervos de Aal? Quizás debía obedecer la orden, regresar a donde comenzó su viaje y guiar a sus hermanos de vuelta al verdadero camino, y no al de los falsos líderes.
Yo soy la verdad, así que regresa y ora, pues allí cumplirás el resto de tu misión.
Si cada una de tus hazañas fuera un grano de arena, tú serías la razón de la existencia del Gran Desierto.
Has llenado el espacio entre Valencia y Mediah con tus actos heroicos, debes consolarte con estas proezas y pasar el resto de tus días bajo la bendición de Aal.
Mientras escuchaba aquellas palabras, el alma perdida comenzó a reflexionar sobre los mandamientos de Aal. El primer apóstol, Barhan, tomó las palabras de Aal y las plasmó en las escrituras. El último apóstol, Kayal, habló de la caída del Astroscuro y de cómo este abriría las puertas del paraíso en el norte. Sin embargo, el Astroscuro cayó en el oeste y, aun así, el paraíso no había abierto sus veladas puertas. En ese instante, la niebla de su mente comenzó a disiparse y la claridad volvió a ser suya.
En ese preciso momento, el suelo a su alrededor se estremeció mientras miles de serpientes de color arena se alejaban reptando, revelando una majestuosa ciudad frente al alma y al heraldo.
"Observa tu entorno, siervo. Tu derecho de nacimiento te rodea. Respira la ciudad, deja que llene todo tu ser. Adórame y me aseguraré de que tu linaje ocupe el trono de Valencia por el resto de los tiempos"
"La sombra serpentina susurra sobre un paraíso lleno de falsas esperanzas."
El alma estaba ahora fortalecida por las enseñanzas de Aal.
"La sombra serpentina susurra sobre un paraíso."
El alma comprendió lo que debía hacer.
"La sombra serpentina susurra."
El alma extendió su mano.
"Siervo de Hadum, con Aal de mi lado no retrocederé.
Este siervo solo es leal a Aal, y debo hacer todo lo que esté en mi mano para servirle de la mejor manera.
Yo soy la Espada de Aal, así que prepárate, criatura inmunda, porque hoy será tu último día"