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Guía del aventurero

Historia de la Valquiria

Última modificación : 12 jun. 2026, 12:57 (UTC)

El despertar de la Valquiria


Las valquirias fueron fundadas bajo la protección y la gracia de Elion. Aunque su historia no es tan antigua, siempre han destacado en cualquier conflicto en el que han participado.

Su historia comienza con La leyenda de Enslar, la primera valquiria. Los relatos de sus hazañas en el campo de batalla estaban impregnados de menciones a una caballera de Calpheon, de radiante cabello pelirrojo, que empuñaba una lancia casi descomunal y un gran escudo con una elegancia asombrosa. La lancia era al menos tan grande como su propio torso y, sin embargo, la manejaba como si fuera una simple daga.

 

Aún más impresionante era su capacidad para dominar nuevas técnicas, Enslar era capaz de canalizar una especie de poder sagrado para aprender a un ritmo asombroso. La Iglesia elionista afirmó que estos poderes le habían sido otorgados a Enslar por el mismísimo Elion. Tomando su apodo del campo de batalla, redactaron un tratado sobre la figura de la Valquiria y fundaron la academia sagrada de Calpheon, donde Enslar residiría como comandante para entrenar a la nueva generación. Este rápido giro de acontecimientos habría tomado a cualquiera por sorpresa, sin embargo, Enslar aceptó sus nuevas responsabilidades con la entereza e integridad que hoy en día caracterizan a una valquiria.

 

La reputación de Enslar floreció. Era una guerrera de renombre en el frente, pero siempre encontraba tiempo para coordinar el entrenamiento de quienes querían seguir sus pasos. Muchos la veían como la luz que guiaba el poder militar de Calpheon, convencidos de que con Enslar liderando la carga, el reino prosperaría como nunca. Y así habría sido, de no ser por una serie de disputas internas que casi nadie desde el exterior llegó a presenciar.

 

Su papel como comandante de la academia sagrada de Calpheon era meramente simbólico. La Iglesia elionista implementó una política de reclutamiento extremadamente estricta, cualquiera que flaqueara lo más mínimo era rechazada y castigada. Debido a esto, las jóvenes que ingresaban al colegio estaban allí, en su mayoría, gracias al dinero que sus padres pagaban por ellas. El lugar se convirtió en una academia de prestigio donde el aspecto combativo pasó a un segundo plano frente al estudio. Aunque las estudiantes recibían suficiente entrenamiento militar, la severidad general de sus profesores hizo que muchas abandonaran o fueran expulsadas. Enslar no tenía poder para cambiar estas normas, aun así, mantuvo su integridad y se dedicó a alentar a las reclutas durante las prácticas de combate.

 

Llegó el día en que el número de valquirias fue suficiente para desplegar un batallón en el campo de batalla. Llevó tiempo, pero de forma lenta, pero segura, cada vez más jóvenes promesas consiguieron finalizar su graduación. Enslar se convirtió en su líder y todas seguían sus órdenes al pie de la letra. Como muestra de respeto, se convirtió en una regla no escrita que las valquirias se tiñeran el cabello para igualar el glorioso pelirrojo de Enslar, un gesto que a la propia Enslar le halagaba profundamente.

 

Su primera misión consistió en marchar hacia el Santuario de Calpheon, en el suroeste, para sellar por completo a el malvado dios Kzarka, el Señor de la Corrupción, quien se había manifestado allí de forma incompleta. Enslar sabía que sus guerreras estaban preparadas, sin embargo, un desafío de tal magnitud pondría a prueba los límites de su fuerza. Necesitarían estar en su mejor momento para no perder la compostura en el frente. Mientras montaban el campamento, se sentó junto a sus compañeras de armas y les pidió que meditaran con ella, buscando sintonizar con la voluntad de Elion para culminar con éxito tan peligrosa tarea.

 

Tras una hora de meditación y una comida reconfortante, Enslar regresó a su tienda y descubrió un mensaje que le había sido entregado en secreto, mensaje que provenía del mismísimo sacerdote llamado Bacho Ladericcio. No sabía cómo había llegado la carta hasta allí, pero su contenido la dejó totalemente conmocionada.

"Todo caos servirá para glorificar a Elion. Entrega tus valquirias a Kzarka y ofrece su sangre pura como sacrificio para manifestar a la deidad."

 

Como comandante, Enslar sabía que debía seguir las órdenes de la Iglesia elionista. Aquello la destrozó por dentro y esa noche no pudo pegar ojo. Desobedecer a la iglesia podía significar su fin. Sin embargo, cumplir ese mensaje supondría el fin de sus hermanas. Cuando el sol se alzó sobre las montañas y bañó el Bosque de los arborantes con una cálida luz, Enslar preparó su lancia y su escudo. Verla así inspiró a las demás valquirias, quienes tomaron sus armas y marcharon en formación hacia el Santuario de Calpheon.

 

Cada paso acercaba a Enslar a una encrucijada, aun así, mantuvo la compostura por fuera. Al alcanzar la zona interior del santuario, el Señor de la Corrupción las recibió. Ese microsegundo decidió el futuro de las valquirias y, en especial, el de Enslar. Alzó su lancia, asaltada por las dudas hasta el último segundo, y cargó con determinación. Junto a sus hermanas, combatió la corrupción desgarrando toda inmundicia, pedazo a pedazo. Permanecieron todas unidas, las Valquirias de Elion, juntas en una batalla sin igual. La contienda se prolongó durante horas, la bendición de Elion les otorgaba la energía necesaria para resistir.

El combate no concluyó hasta que la lancia de Enslar atravesó el corazón de Kzarka y purificaron la zona. Kzarka había sido encadenado de nuevo. Fue entonces cuando Enslar, antes de desvanecerse, pronunció sus últimas palabras:

"La justicia en vuestra mente, Elion en vuestro corazón, y el juicio de vuestros ideales en la punta de vuestra lancia"